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Pareja de pie, con el agua a la altura de las rodillas, dentro de un túnel de manglar; ella embarazada lo mira sonriendo y él la observa con sombrero y paliacate rojo, con el mar al fondo y luz cálida filtrándose entre las ramas.

Sinaloa: entre el mar y el monte.

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A Sinaloa se le suele reducir a una sola idea, como si un estado entero cupiera en una etiqueta, como si la vida diaria no existiera. El ruido alrededor de la seguridad ha dejado en sombra las historias verdaderas de la gente. Y hoy, cuando lo artificial se confunde con lo real, volver a lo humano se vuelve urgente, tenemos que narrar la jornada de quienes madrugan, sostienen a los suyos y levantan esperanza sin alardes. Es momento de que afuera conozcan lo esencial de nuestra tierra.

Por eso esta historia merece contarse. Porque sostiene una verdad que casi nunca llega al encuadre: lo verdaderamente sinaloense no es un titular de nota roja. Es una manera de estar en el mundo. Es cultura viva, oficio, memoria, comunidad. Es una esperanza compartida que se construye en voz baja.

Por qué existe este proyecto.

Aquí late el eco de una comunidad entre el mar y el monte. Un trayecto silencioso por paisajes que guardan identidad, trabajo y pertenencia. Esta obra nace del arraigo y de la memoria. De la necesidad de mirar con calma lo que con frecuencia se pasa por alto: lo humano. Lo que se hereda sin decirse. En lugar de buscar el golpe inmediato, elegimos la precisión. En vez de explicarlo todo, dejamos que la imagen sostenga el sentido: la luz del amanecer, el viento que cambia, el salitre en la madera, el agua golpeando la orilla.

Una pareja que representa a muchas.

En el centro hay una pareja. Una familia como tantas. Su vida se arma con rutina, trabajo y decisiones pequeñas que, vistas de cerca, sostienen un mundo entero.

Él encarna al hombre sinaloense que aprendió a resistir sin alardes: pocas palabras, mirada atenta, manos que saben. Su oficio no es pose, es sustento. Su forma de amar se parece a su forma de trabajar: con constancia y en silencio.

Ella encarna a la mujer sinaloense como columna del hogar: serena, cálida y firme. No necesita imponerse para conducir. Su fuerza está en cuidar, en leer lo que no se dice, en sostener el ritmo cuando todo pesa. Juntos son más que personajes. Son símbolos de una comunidad entre el mar y el monte. Representan una identidad que no se presume: se practica.

Una obra contada con símbolos.

Aquí los objetos importan porque guardan historia. Una radio antigua que insiste. Una fotografía que acompaña. Un rincón elevado donde se respira distinto. La lancha que aguarda. La mesa, las redes, los utensilios del oficio, no están para adornar. Están para recordarnos que la memoria también tiene forma: se toca, se escucha, se hereda.

Se ha relatado que, para muchos pueblos originarios, ciertos lugares guardan sentido y memoria. Esta obra se acerca a esa idea con respeto, sin encerrar la experiencia en una sola cultura, porque lo que cuenta también ocurre en muchos territorios.

Ir lento en un mundo que lo quiere todo rápido.

Vivimos tiempos donde todo se narra con prisa y se olvida igual de rápido. Para contar esto elegimos el camino contrario. Este proceso avanza despacio porque no se consume: se contempla. Se comprende. Se conecta. Requiere pausa para que la emoción llegue completa y para que el espectador entre en el ritmo del paisaje y de la gente.

¿Cómo acompañar este camino?

Si quieres acompañar, puedes hacerlo compartiendo el proyecto y ayudando a que llegue más lejos. Y si deseas apoyar de manera directa, tu contribución voluntaria ayuda a acelerar rodajes, logística y postproducción. También es posible sumarse como patrocinador para aparecer en créditos, según el tipo de colaboración y el acuerdo creativo.

Lo que se ha compartido hasta ahora son ventanas: momentos, atmósferas, avances. Pero aún faltan muchas jornadas de rodaje y un tramo largo de postproducción para completar la obra. Es una producción independiente y autofinanciada. Eso resguarda la libertad creativa, pero también marca el ritmo. Cada jornada implica logística, seguridad, alimentación, transporte, energía, respaldo de material y, después, el trabajo de postproducción que lo convierte todo en una pieza final. Esta historia es el eco de una comunidad entre el mar y el monte. Y quiere permanecer como memoria de un hogar, de un territorio y de su gente que sigue en pie.

Eden Dusk
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Comentarios

Felicidades lo estan haciendo hermosamente bien!! A donde se puede mandar cooperación?

Monchi Garcia

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